miércoles, 16 de abril de 2014
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PANDILLAS JUVENILES, UN MUNDO POR CAMBIAR PDF Imprimir Correo

Sencar.-(Servicio de Noticias de la Cámara de Representantes)

La sociedad colombiana, especialmente la asentada en las grandes metrópolis, está viviendo una etapa cuyo origen no es nada distinto a la descomposición social, la falta de oportunidades, el afán de liderazgo, de hacer dinero fácil y rápido y la indiferencia del Estado para enfrentar un problema que cada vez se hace más recurrente y violento.


Se trata de las pandillas, tribus, maras o grupos de personas, en su mayoría integradas por jóvenes de ambos sexos y de todos los estratos sociales, que se incrustan en las ciudades para imponer su Ley, y que mediante códigos y organizaciones selectivas se identifican con cierto tipo de cultura, en la que siempre el poder, tanto territorial, como económico,  es su propósito esencial.


En Colombia se han convertido en uno de los mayores problemas de orden público y ciudades como Medellín, Cali, Bogotá, Cartagena, Barranquilla y Pereira, sufren a diario el rigor de una filosofía sin límites que aterroriza comunidades como las comunas o los mal llamados cinturones de miseria, caldo de cultivo para que prosperen dichos emporios y focos de violencia.

Identificar el número de pandillas que existen en cada una de las ciudades, es prácticamente imposible. Los lugares en las que operan, la forma como surgieron o se desarrollaron y la manera como incursionaron en ámbitos o espacios de la ilegalidad, son también, en la mayoría de los casos, indescifrables.

Algunos estudios indican con especulación acerca del número de estos grupos, que pueden ser desde 45 hasta 800. Una de las razones por las que esto ocurre es la poca diferenciación que se realiza entre los distintos tipos de grupos existentes. Así,  no siempre queda fácil diferenciar entre una “pandilla”, un “parche o combo” y una “banda organizada”.


En muchas ocasiones, el paso de los jóvenes de uno a otro grupo pueden ser muy rápido o la conversión de estos primeros en los últimos puede desarrollarse, pero aún así, se trata de contextos y condiciones distintas.


Para la Policía Nacional, el sector de Suba es una de las localidades en donde hay un gran número de pandillas, 51 aproximadamente, especialmente en los barrios Aures I y II, entre las que están por ejemplo las llamadas: “Rapados”, “Zepeling”, entre otras. Un aspecto importante que relaciona el artículo es como la pandilla se relaciona con una ubicación territorial específica.


Así menciona como en el barrio La Gaitana operan Los Gomelos y en la carrera 95 con calle 100, cerca del sector de Aures, hacen presencia Los Bollos, con lo cual han surgido  conflictos entre ellos por causa del territorio.


Uno de los estudios más importantes y recientes realizados por el Instituto para la Protección de la Niñez y la Juventud Idiprom mencionó que en Bogotá existen aproximadamente 803 pandillas que se ubican en 19 de las 20 localidades de la ciudad, y su distribución por localidad la mencionan así:


•    204 en Ciudad Bolívar; 112 en Soacha; 72 en Usme; 71 en Kennedy; 51 en Suba;  20 en Usaquén; 32 en Bosa; 32 en Tunjuelito 32; 10 en Barrios Unidos; 8 en Teusaquillo; 2 en los Mártires.


El mismo estudio menciona que para la Fiscalía General de la Nación, en Bogotá se identifican 107 pandillas.


Para Idiprom y el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo Cider, una pandilla es como una agrupación de diez o más miembros que realizan acciones delictivas y tienden a generar conflictos en distintos barrios de la ciudad. La diferencia con los llamados “parches” que el estudio identifica como la etapa previa a una pandilla, está en el hecho que el incurrir en conductas delictivas no es necesariamente el propósito central de la organización delincuencial.

Sin embargo, más que el accionar delincuencial, un aspecto muy relacionado con los grupos de este tipo es su relación inicialmente de consumo, luego de comercialización, de droga.

Consecuente con esta realidad, reconociendo el problema y aceptando la necesidad de impulsar políticas que contrarresten dicho fenómeno, el Congreso de la República aprobó  la Ley 109/10, en la que se estructuran medidas especiales y estímulos destinados a la recuperación integral del joven en Colombia, en situación de emergencia social, pandillas y jóvenes vinculados a grupos de violencia.

Adolescentes entre 12 y 17 años y jóvenes entre 18 a 21 años podrán acceder a programas de educación, salud y empleo con el apoyo y la asesoría del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ICBF, el Sena, y el Ministerio de Educación en conjunto con el Icetex, sostiene su autor, el representante de la U por Bogotá Ángel Custodio Cabrera.

Estos beneficios cobijarán a 71 mil jóvenes pandilleros o en estado de “fragilidad social” entendiéndose que los jóvenes rehabilitados son los que han estado vinculados a grupos de violencia: adolescentes y jóvenes, que han desarrollado y culminado procesos de rehabilitación y han estado unidos a grupos de violencia, por la vecindad, edad, desocupación, etc; y los jóvenes en emergencia social son los adolescentes y jóvenes que se encuentran en condición de vulnerabilidad social o capacidad de recuperación pero que aún no se encuentran vinculados a grupos de violencia.

El Ministerio de Defensa por su parte deberá entregar gratuitamente la Libreta Militar a los jóvenes mayores de 18 años.

Con estos mecanismos se podrá evitar el incremento de dichos jóvenes, implementando acciones y estableciendo procedimientos que los incluyan en una sociedad con respuestas claras y los proyecten como personas útiles y que aporten a la sociedad para su desarrollo; brindando el acceso a la salud, a la educación, a la recreación y a la inclusión laboral, así como la protección de sus derechos fundamentales, propiciando que las compañías y/o empresas acepten preferentemente estos jóvenes y a su vez, reciban estímulos tributarios por su vinculación.

Última actualización en Lunes, 09 de Julio de 2012 12:07
 
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